Hipertensión y patologías cardiacas
La presión arterial es la resistencia natural de las paredes de las arterias y vasos que transportan la sangre desde el corazón a los tejidos del cuerpo, en oposición a las venas, que retornan la sangre al corazón. Si bien la resistencia arterial es necesaria para el mantenimiento del abastecimiento de los órganos con sangre oxigenada, la hipertensión se da cuando la resistencia es demasiado alta.

Hay muchos motivos por los cuales puede darse un crecimiento irregular del corazón, entre ellas está el ejercicio físico excesivo, la obesidad, la presión arterial elevada, el consumo excesivo de alcohol. El papel que los genes desempeñan en esa afección es todavía desconocido en las patologías cardíacas.
Patologías cardíacas y corazón grande:
El corazón late repetidas veces por minuto, contra un nivel normal de resistencia, pero cuando la resistencia aumenta, el músculo del corazón se agranda, del mismo modo que los músculos de un brazo se agrandan al levantar pesas.
Pero al contrario de lo que ocurre con la musculatura del brazo, el corazón grande, es una de las patologías cardíacas, no puede suministrar el oxígeno necesario. Con el tiempo, al igual que ocurre con la musculatura del brazo, el corazón se torna rígido, requiriendo más oxígeno y energía, lo que aumenta el riesgo de ataques cardíacos, o insuficiencias cardíacas.

El consumo masivo de alcohol está relacionado con diferentes patologías cardíacas, debido al daño que éste produce en los tejidos. El músculo cardiaco se encuentra afectado en su función de bombeo, disminuyendo el volumen de sangre bombeado. Como consecuencia se presenta fatiga, falta de aire, incluso ante un esfuerzo mínimo. Mediante radiografías se puede apreciar la presencia de un corazón grande. Ante un electrocardiograma, se muestran alteraciones del ritmo del músculo cardiaco.
Los síntomas de la insuficiencia cardiaca son:
• Falta de aliento
• Despertarse sin aliento
• Necesidad de dormir con la cabeza elevada para evitar lo anterior
• Pulso irregular o acelerado
• Palpitaciones
• Tos, que puede contener moco sanguinolento o espumoso
• Fatiga, debilidad y desmayos.
• Hinchazón de las extremidades (pies y tobillos)
• Aumento en la frecuencia de micción nocturna.
El tratamiento en estos casos se orienta a disminuir la presión sanguínea y controlar la enfermedad.
La medicación recomendada incluye: diuréticos, suplementos de potasio, beta bloqueadores, bloqueadores de los canales de calcio.
Es importante un cambio en el estilo de vida, pérdida de peso, disminuir el ejercicio (en caso de que sea por exceso de ejercicio), ajustar la dieta, disminuir el consumo de sal, eliminar el cigarrillo en caso de ser fumador. Abandonar el consumo de alcohol (en caso de consumo excesivo).